Lunes, 10 diciembre, 2018
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Declaración: Asociación de productores de Pisco A.G., respecto a posibles cambios legislativos y/o reglamentarios a la industria

 

La Asociación de Productores de Pisco A.G., ha considerado conveniente dirigirse a las autoridades, tanto ejecutivas, como legislativas, para hacer presente su preocupación e inquietud, respecto a proyectos de ley que, cubriendo las áreas de  producción, rotulación, publicidad, expendio y, por declaraciones últimas, pudieran abarcar, además, la tributación de bebidas alcohólicas, y que se encuentran en estudio en las Comisiones de Salud, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la República.

Para ello, señala lo siguiente:

INTRODUCCIÓN:

El consumo de bebidas alcohólicas,  ha sido, es y, lo más probable, que seguirá siendo, una acción que ha acompañado al hombre desde los más tempranos días de la historia, siendo parte de sus distintos estados anímicos; ya sea festivos, emotivos, rituales, etc. Los diferentes tipos de sociedades que integran el mundo, cualquiera sea su mayor o menor percepción de las cualidades o defectos de esta situación, reconocen esta realidad y aceptan su presencia, poniendo su atención en algunas medidas de carácter regulatorio que todo el mundo entiende como necesarias. Por lo demás, en importantes lugares del mundo, se destinan los mejores recursos naturales y económicos para satisfacer esta necesidad, a través de la producción regulada de estos productos, lográndose identificaciones culturales que, en la mayoría de los casos, como es en la industria pisquera, proporcionan el medio de vida de importantes sectores poblacionales.

No cabe duda, entonces, que productos como las bebidas alcohólicas, en general, tienen un componente que  hace que, tanto en su producción como en su comercialización, se tomen en consideración aspectos que, en la mayoría de los productos o bienes, no se consideran y,  esto es, por un lado, por las implicancias económicas sectoriales y, por otro, por el efecto negativo que un consumo excesivo pueda provocar en cierto público consumidor y en la sociedad que lo rodea.

De las implicancias económicas sectoriales, se han dado anteriormente las cifras que presenta la industria y, en esta declaración las entregaremos en sus líneas generales, a manera de recordatorio. En lo segundo, es decir, el consumo excesivo de cierto público consumidor, creemos que es éste el elemento clave que debe ser analizado para definir políticas públicas efectivas que vayan en la dirección correcta, de atacar las consecuencias en este sector de consumidores, que representan una minoría, frente a la gran mayoría de consumidores responsables que encuentran en este tipo de bebidas una expresión de sus hábitos alimenticios y una forma de comportamiento social que hace de la vida un agrado y no un simple tránsito del nacimiento a la muerte.

La OMS es el organismo mundial que trata de asuntos de salud pública. Conformada por la participación de la mayoría de los países del mundo, recibe información del comportamiento sanitario de cada uno de éstos y, a la vez, procesa esta información y las convierte en “recomendaciones” a los países miembros, que pueden acoger o no estas recomendaciones, de acuerdo a sus condiciones específicas.

Al respecto, la OMS reporta haber recibido abundante información sobre las consecuencias que, para la salud, representa el consumo de alcohol en el mundo. Sin embargo, cuando entra a analizar sus causas y consecuencias, frente a otros factores, en que se incluyen los comportamientos sociales y el bienestar del hombre, termina acuñando un concepto que, para lo que viene, es fundamental; esto es el concepto de “uso nocivo del alcohol” que es, en definitiva, el término que aplica en sus recomendaciones a los distintos países del mundo.

De esta forma y con fecha Enero de 2010, se presenta ante la 63ª Asamblea General de la OMS el documento denominado “ESTRATEGIA PARA REDUCIR EL USO NOCIVO DEL ALCOHOL” que, luego de ser aprobado, en Marzo del mismo año, se transforma en una ”recomendación” a los países miembros y, como indica:  “se trata de una serie de políticas y medidas que pueden estudiarse para aplicarlas y adaptarlas, según proceda, a nivel nacional, teniendo en cuenta las circunstancias de los países, como el contexto religioso y cultural, las prioridades de salud pública y los recursos y capacidades”.

La OMS es un organismo prestigiado, que tiene la fuerza de servir como órgano asesor de todos los países del mundo que la integran y, por lo cual, sus recomendaciones deben ser acogidas en la forma que aconseja el cuidado de la salud de las poblaciones que forman parte de la organización.

         El documento en análisis, de la OMS, es una recomendación al mundo, con sus semejanzas y, lógicamente, con sus tremendas diferencias, por lo cual, a la Asociación de Productores de Pisco, le parece muy conveniente que el análisis de éste sea abordado en profundidad, respetando el espíritu de éste y velando por no producir efectos colaterales que, en definitiva pueden ser dañinos, no solo a la economía de un país o región, si no, a la salud de la población que, al verse excesivamente controlada en sus decisiones de compra, opta por las vías de adquisiciones clandestinas, como se comprueba en múltiples ejemplos históricos.

         En este sentido, vale la pena recordar lo señalado en el anexo 2, del documento  denominado Proyecto de Estrategia Mundial para Reducir el Uso Nocivo del Alcohol, que acompaña al documento presentado por la OMS: en su primer párrafo señala: “el concepto de uso nocivo del alcohol es una noción amplia que abarca el consumo de alcohol que provoca efectos sanitarios y sociales perjudiciales para el bebedor, para quienes lo rodean y para la sociedad en general” (sic).  Luego, en el mismo anexo, la OMS señala los “Retos y Oportunidades” que sus recomendaciones presentan a los formuladores de políticas públicas, de la forma siguiente:

Textual Anexo 2 doc. A63/13 OMS

6.- El presente compromiso de reducir el uso nocivo del alcohol ofrece una excelente oportunidad para mejorar la salud y el bienestar social y aliviar la actual carga de morbilidad atribuible al alcohol. Sin embargo, existen grandes desafíos que se han de tener en cuenta en las iniciativas o programas mundiales o nacionales; se trata de:

a) Reforzar la acción mundial y la cooperación internacional. Las actuales tendencias sanitarias, culturales y comerciales pertinentes a nivel mundial indican que el uso nocivo del alcohol seguirá siendo un problema de salud en el mundo entero. Es necesario reconocer esas tendencias y aportar respuestas apropiadas a todos los niveles. A este respecto, hace falta orientación global y una mayor colaboración internacional para respaldar y complementar las iniciativas regionales y nacionales.

b) Posibilitar la acción intersectorial. La diversidad de los problemas asociados con el alcohol y de las medidas necesarias para reducir los daños relacionados con él apuntan a la necesidad de una acción integral en muchos sectores. Las políticas destinadas a reducir el uso nocivo del alcohol deben trascender el sector de la salud y hacer participar oportunamente a sectores como los del desarrollo, el transporte, la justicia, el bienestar social, la política fiscal, el comercio, la agricultura, la política sobre consumo, la educación y el empleo, así como a actores económicos y de la sociedad civil.

c) Prestar la atención necesaria. Las instancias decisorias a menudo conceden poca prioridad a la prevención y la reducción del uso nocivo del alcohol, pese a la contundente evidencia disponible acerca de sus graves efectos en la salud pública. Además, existe una clara discrepancia entre la creciente disponibilidad y asequibilidad de las bebidas alcohólicas en muchos países en desarrollo y de ingresos bajos y medios y la capacidad de esos países para hacer frente a la carga de salud pública adicional que provoca dicha tendencia. De no conceder a este problema la atención que merece, no se detendrá la propagación de prácticas y normas de uso nocivo del alcohol.

d) Equilibrar los distintos intereses. La producción, la distribución, el marketing y la venta de alcohol crean empleo y reportan unos ingresos considerables a los operadores económicos, así como ingresos fiscales a distintos niveles. En ocasiones se considera que las medidas de salud pública orientadas a reducir el uso nocivo del alcohol chocan con otros objetivos, como la libertad de mercado y la posibilidad de elección de los consumidores, y que afectan a los intereses económicos y reducen los ingresos públicos. Los formuladores de políticas se hallan ante el reto de conceder una prioridad adecuada a la promoción y protección de la salud de la población, teniendo presentes al mismo tiempo otros objetivos, intereses y obligaciones, entre ellas las obligaciones jurídicas internacionales. Cabe señalar a este respecto que los acuerdos comerciales internacionales suelen reconocer el derecho de los países a adoptar medidas que protejan la salud humana, siempre que esas medidas no se apliquen de manera que constituyan un medio de discriminación injustificable o arbitraria o restricciones encubiertas del comercio. En este sentido, las iniciativas nacionales, regionales e internacionales deberían tener en cuenta las repercusiones del uso nocivo del alcohol.

e) Centrarse en la equidad. Las tasas de consumo de bebidas alcohólicas a nivel poblacional son mucho menores en las sociedades pobres que en las ricas. Sin embargo, para un mismo consumo, las poblaciones más pobres pueden sufrir daños desproporcionadamente más graves atribuibles al alcohol. Urge formular y aplicar políticas y programas eficaces que reduzcan esas disparidades sociales, tanto dentro de los países como entre ellos. También hacen falta políticas eficaces para generar y difundir nuevos conocimientos sobre la compleja interacción entre el consumo nocivo de alcohol y las inequidades sociales y sanitarias, sobre todo entre las poblaciones indígenas y los grupos minoritarios o marginados y en los países en desarrollo.

f) Tener en cuenta el «contexto» al recomendar medidas. Gran parte de los datos publicados sobre la eficacia de las intervenciones de política relacionadas con el alcohol corresponden a países de ingresos altos, y se ha manifestado preocupación por el hecho de que la eficacia de esas intervenciones dependa del contexto y de que éstas puedan no ser reproducibles en otros entornos. Sin embargo, muchas intervenciones destinadas a reducir el uso nocivo del alcohol se han llevado a cabo en una amplia variedad de culturas y entornos, y sus resultados suelen ser coherentes y acordes con las teorías en que se sustentan y la base evidencial reunida en áreas similares de la salud pública. Los responsables del desarrollo y la aplicación de las políticas deben aspirar fundamentalmente a idear intervenciones eficaces adaptadas a los contextos locales y a desarrollar mecanismos idóneos de seguimiento y evaluación que proporcionen retroinformación para fundamentar las medidas ulteriores.

g) Mejorar la información. Los Estados Miembros, la Secretaría de la OMS, y otros interesados directos han desarrollado sistemas para reunir, analizar y difundir datos sobre el consumo de alcohol, los daños relacionados con el alcohol y las respuestas de política correspondientes. Sigue habiendo grandes lagunas de conocimientos, y es importante hacer más hincapié en la producción y difusión de información y conocimientos para seguir avanzando en este ámbito, especialmente en los países en desarrollo y los países de ingresos bajos y medios. El Sistema Mundial de Información sobre el Alcohol y la Salud, de la OMS, y los sistemas integrados de información regional ofrecen un medio para hacer un mejor seguimiento de los progresos logrados en la reducción del uso nocivo del alcohol a nivel mundial y regional. (Fin de la cita)

¿QUE PASA EN CHILE?

         Nuestro país no es ajeno a lo que pasa en el resto del mundo; el uso nocivo del alcohol abarca sectores muy sensibles de la población, como son los jóvenes (adolescentes) y, los segmentos sociales más desposeídos, afectándolos fuertemente. La forma en que la opinión pública conoce de los comportamientos y consecuencias de este uso nocivo del alcohol, condiciona que ésta se forme un juicio muy negativo del alcohol y no faltan expresiones fundamentalistas que aboguen por políticas drásticas que ataquen a la producción, supuestamente, para terminar con el problema; con ello  no solo no se resuelve el problema, si no, como se ha mencionado antes, se agrava, como la historia nacional e internacional lo ha demostrado en numerosas oportunidades.

         Para esta Asociación de Productores de Pisco es muy importante tener claro el objetivo de cualquier estrategia de acción, la cual debe abordar, tal como lo señala la OMS, “reducir el uso nocivo del alcohol”, el cual no solo apoya,  si no que se compromete en lo que le corresponda para obtener los mejores resultados.

         En el último informe de CONACE (año 2011), en la presentación de la Estrategia Nacional de Drogas y Alcohol 2011-2014 , este organismo, dependiente del Ministerio de Interior, parte reconociendo que, hasta ahora, los esfuerzos de prevención en Chile se han centrado, principalmente, en medidas universales e inespecíficas, con logros dispares y poco apreciables en los estudios de consumo de drogas (y alcohol) en población escolar; desde aquí nace su propuesta, que es  la instalación de un “Sistema Integrado de Prevención, denominado Chile Previene, que sistematiza la política de prevención que, hasta ahora, se había desarrollado en el país, y la transforma en un sistema que, por una parte gestiona, implementa y evalúa las iniciativas programáticas existentes y, a la vez, diseña, coordina y monitorea programas e intervenciones más específicos y acordes a las necesidades de las poblaciones más vulnerables y complejas.

         De esta forma, que compartimos, la Estrategia de Prevención del Consumo Nocivo de Alcohol, se hace cargo del verdadero enemigo al que hay que atacar, y no dispara proyectiles hacia el sector de consumo normal que, a diferencia de las drogas que están prohibidas en Chile, mantiene un consumo regulado y acorde con sus hábitos alimenticios normales.

         Compartimos, de igual forma, lo señalado por este Informe de CONACE, que señala que “los esfuerzos de prevención del consumo de riesgo de alcohol se concentrarán en el fortalecimiento de una cultura de sana convivencia con el alcohol y evitar el consumo problemático de éste”. (sic)

         Para enfrentar este último desafío, el Programa Chile Previene propone cuatro áreas de acción: a) restricción de la disponibilidad física del alcohol; b) disminución de la disponibilidad económica de las bebidas alcohólicas; c) aumento de medidas preventivas y sancionadoras de la conducción bajo los efectos del alcohol y d) fortalecimiento de estrategias de información masiva y educación al respecto para toda la población.

         Hasta este momento, podemos observar que cada una de éstas cuatro áreas de acción se han planteado, desde ópticas distintas, en la solución del problema, pero, por lo mismo, han sido inefectivas para abordar el problema en su integridad. La mayor parte de las veces, los planteamientos quedan solamente en lo que pareciera ser más fácil de abordar,  como son los puntos a) y b), ya que tanto el c) como el d) involucran políticas de más difícil implementación política pero que, a la luz de un enfoque integral, resultan ser absolutamente complementarias e imprescindibles.

Breve Análisis de las Áreas  de Acción Propuestas:

  1. a)Restricción de la disponibilidad física del alcohol:

En torno a este punto, nos parece muy adecuado que se mejoren los controles de la actual legislación al respecto. Sin embargo, de igual forma, nos parece muy conveniente no caer en un exceso de control, o bien, restricciones muy drásticas al libre expendio de bebidas alcohólicas que, en definitiva, pueden generar un desincentivo a la actividad normal y convocar, inconscientemente, a una actividad clandestina que, a fin de cuenta, eche por tierra toda la estrategia de acción. Un estado excesivamente policial no es el mejor ambiente para el desarrollo de la calidad de vida, en que la libertad de los ciudadanos es la base de la convivencia nacional.

 Se han sugerido políticas destinadas a regular las ventas por internet, de manera de ampliar el cerco a la comercialización del alcohol. Sin embargo, a nuestro parecer, pretender regular esta vía, lo más probable es que afecte solamente a la industria establecida nacional y no quede al alcance de productos de otras procedencias que, normalmente, se comercializan en esta forma. El ejemplo de las redes ciudadanas que cada día se hacen más robustas e incontrolables, como se comprueba en las noticias que llegan desde el mundo árabe o de la RPC (China), dan cuenta de lo infructuoso de regular vías tan amplias y abiertas como la mencionada. De igual forma, las ventas con entregas a domicilio, dan cuenta, hoy día, de una forma de venta que se adapta al consumidor actual y tratar de controlarlas, vía acción policial, de ninguna forma será una política adecuada y que distinga a un país que hace de las libertades personales parte de su esencia nacional.

Creemos que todas las leyes que se reformen, en beneficio de la salud y la seguridad de nuestros compatriotas, son plausibles y deben comprometer a los diferentes actores sociales. Pero, de igual forma, estamos seguros que un abordaje de éstas, tomando en cuenta solo una parte de los involucrados, puede ser entendida como persecutoria para una actividad y, en vez de de crear un compromiso de acción, sean percibidas como injustas y su impacto resulte negativo, tanto para la industria, el comercio, sus trabajadores, etc. y, por sobretodo, para quienes está dirigida, es decir, para quienes hacen uso nocivo del consumo de alcohol.

  1. b)Disminución de la disponibilidad económica de las bebidas alcohólicas:

Respecto a este punto tenemos una aprensión importante, a pesar que se señala que  todos los estudios indican que el costo de acceso a las bebidas alcohólicas es un factor determinante del nivel y patrón de consumo de un país y que el aumento en el precio al detalle del alcohol se traduce en una disminución de las tasas de consumo. Nuestra impresión es que este argumento se valida solamente al analizar un producto alcohólico determinado, es decir, si sube el precio, ese producto determinado pierde consumo, pero esa disponibilidad económica no se cambia del alcohol, sino que va a consumo de bebidas alcohólicas de menor valor y calidad, sobretodo en el sector que se analiza que es el de los consumos nocivos. Por lo demás, la economía ha señalado, respecto a las bebidas alcohólicas en general, que éstas presentan una demanda precio de tipo inelástica, es decir, su consumo no está asociado, completamente, a un nivel de precio.

Disminuir la disponibilidad económica de las bebidas alcohólicas, léase aumento de impuestos, para nuestro sector productivo, que se desarrolla exclusivamente en regiones del país, significaría una carga muy difícil de sobrellevar, sobretodo en momentos en que la economía entrega fuertes incentivos a la importación de bebidas competitivas del Pisco.

Hacemos notar,  en este sentido, que el Pisco, en el ámbito de las bebidas alcohólicas a nivel nacional, es el sector que mayor carga impositiva presenta, toda vez que, sobre el IVA general, sus ventas se recargan en un 27% adicional, con lo cual su aporte tributario alcanza el 46%; versus otras bebidas alcohólicas nacionales o importadas, como los vinos y las cervezas que solo tributan un 15% adicional al IVA (34% total).

         Por lo demás, estadísticas de la última década nos indican que el Pisco, dentro del espectro de bebidas que aportan alcohol etílico puro en el país, ha caído desde un 30% en 1999 hasta un 10,5 % en el año 2010  y esta es una tendencia que podrá estabilizarse, en algún momento, pero nunca podrá ser revertida a sus valores anteriores. Por su parte el vino manifiesta una tendencia moderada a la caída en su participación (de 40% a 38%) y la cerveza, desde un 28% en 1999, escala en el 2010 a un 36%, manifestándose con una tendencia al alza que resulta ser coincidente con lo que ocurre en otras partes del mundo, donde los problemas que analizamos se observan con igual o mayor gravedad que en Chile.

         En este sentido y, a propósito de algunas ideas sugeridas, rechazamos cualquier medida unilateral, que apunte a aumentar la discriminación entre bebidas alcohólicas de alto grado de presentación y las de bajo grado, por cuanto ellas no apuntan a un objetivo claro y preciso respecto a reducir el uso nocivo del alcohol que, como puede leerse claramente de las cifras entregadas anteriormente, cada vez son menos influyentes. No debe escapar al criterio de la autoridad lo señalado claramente por la OMS en sus observaciones, cuando recomienda, dentro de los principios rectores de la acción, lo siguiente: “las políticas e intervenciones públicas de prevención y reducción de los daños relacionados con el alcohol deberían abarcar todas las bebidas alcohólicas y el alcohol de sustitución” (refiriéndose, en este último caso, a líquidos que contienen etanol, no son concebidos como bebidas, pero son usados como sucedáneos en muchos casos).

  1. c)Aumento de medidas preventivas y sancionadoras de la conducción bajo los efectos del alcohol:

A nuestro juicio las medidas preventivas y sancionadoras de la conducción bajo los efectos del alcohol existen y no necesitan ser ampliadas, sino que, hay que hacerlas cumplir. Tanto los controles en vías o carreteras a través del alcotest, como el control de licencias para conducir y antecedentes del conductor, pueden prevenir accidentes mucho más que reducir los niveles tolerados de alcohol en la sangre, como se estaría planteando. Estadísticas del CONASET para el año 2008, señalan que del total de fallecidos por accidentes de tránsito, el 14% fue por causa del alcohol en el conductor y el 7% por ebriedad del peatón; de este porcentaje sumado, solo el 25% corresponde a conductores bajo la influencia del alcohol, es decir, el 5,25% de los fallecidos presentaba la condición de “influencia del alcohol” que, perfectamente, en ese nivel, pudiera ser condicionado por otras causas que la estadística presentada no es capaz de detectar. No se trata de relativizar las cifras, pero dado que lo que se busca es una acción efectiva y eficaz, es fundamental analizarlas de manera de no sobre reaccionar y no crear nuevos problemas por malas interpretaciones. Plantear una reducción del límite de alcohol en la sangre desde 0,5 gr/lt. a 0,3 gr/lt es, a nuestro juicio, una medida que podría provocar más problemas que beneficios en la población de consumo normal.

  1. d)Fortalecimiento de estrategias de información masiva y educación al respecto para toda la población.

Sin lugar a dudas, ésta es el área fundamental de cualquier política de reducción del uso nocivo del alcohol; la mala información y nula educación respecto al tema, han sido factores que, hasta el momento, han complotado para que la población no tenga una actitud racional respecto a las bebidas alcohólicas y, condiciona esta actitud a la información que viene de los medios. Por un lado, la publicidad de las bebidas alcohólicas, invitando a diferentes mundos donde todo es mejor y, por otro, las páginas rojas de los medios de prensa que, por lo general, sin mayor análisis, responsabilizan al alcohol de los daños a la propiedad y las personas, provocados por los siniestros que, día a día, se muestran en sus pantallas y en la prensa escrita. Con estos antecedentes no se está dando lugar a ubicarse en un término medio justo, en que las causas y efectos sean debidamente sopesados y no livianamente asignados al alcohol sin un riguroso análisis.

Ocurre un accidente, de características espectaculares e, inmediatamente, aparecen las declaraciones de autoridades importantes que, aún sin conocerse las causas efectivas, se pronuncian respecto a que debe reducirse la tolerancia a la alcoholemia, que deben cerrarse los locales de expendio, que no se debe permitir consumo de alcohol después de ciertas hora, etc; con ello la ciudadanía inmediatamente incorpora la idea de que es el alcohol el responsable; sin embargo, en el informe anual 2010 de la CONASET (Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito), al hacer un resumen de los accidentes de tránsito, establece que del total de éstos, que fueron 57.746 , solamente 4.561 (7.90%), se debieron a la presencia de alcohol en el conductor, 493 (0.85%) por presencia de alcohol en el peatón. En resumen, el alcohol responde por el 8.81%, frente a los 26.158 casos (46.2%) que provoca el manejo imprudente del conductor, o el 11% que responde por la desobediencia en la señalización; del saldo de accidentes (34%) debe dar cuenta el fallas mecánicas, fatiga de conductores, mala señalización, velocidad imprudente, etc. que, normalmente no son considerados por ser poco definida su individualización. Nuevamente señalamos que no es de nuestro interés relativizar las cifras pero, es necesario, no errar en los diagnósticos de causas, de manera de no perjudicar los planes de acción remedial.

 Estadísticas del INE señalan que, en el país, el año 2001 existía un parque vehicular  de 2.176.501 vehículos y que, al año 2010, éste había aumentado a 3.299.446 unidades; o sea, un 52%; ¿La red o infraestructura vial del país ha crecido de forma de albergar, sin inconvenientes este extraordinario crecimiento?

La forma en que se entregan las licencias de conducir en el país, en muchos casos, es de un grado de liviandad que no permite definir un criterio único de calificación y responde, más bien, a la condición económica de cada municipio, lo que genera conductores improvisados que, en un ambiente saturado de vehículos no tendrán un desempeño adecuado. En países desarrollados,  el momento de sacar licencia de conductor representa un hito en la vida de las personas jóvenes, similar a las pruebas o exámenes de ingreso a las universidades. ¿No podría ser lo mismo en Chile, de manera de tener mayor respeto por los requisitos a la conducción?

Creemos que, las leyes que mayor impacto tienen en la sociedad son aquéllas que educan y orientan a la ciudadanía; las persecutorias y amenazantes solo logran crear clandestinaje en el suministro-consumo y rebeldía en las acciones, sobretodo, de sectores muy especiales de la sociedad, como son sus jóvenes. Estamos seguros que el espíritu de la autoridad ejecutiva y legisladores no es crear estas condiciones, sino están animados de un espíritu de “hacer algo” frente al problema detectado. Nuestra industria no está ajena al problema que, para la familia y para la sociedad presentan estos consumidores que hacen uso nocivo del alcohol y, por supuesto, tal como está demostrado, presta su colaboración a cualquier actividad que se ubique en la línea correcta de soluciones y no, por precipitada, sea contraproducente al fin que se persigue.

La información y la educación son los elementos claves de la política para reducir el uso nocivo del alcohol y, a ellas, nuestra Asociación presenta su mejor disposición.

Nos entusiasma participar activamente, junto a los organismos del caso, en los programas que señala la Estrategia del CONACE 2011-2014. Creemos que puede ser una instancia demostrativa del trabajo en conjunto que se puede hacer a favor de sectores más vulnerables de la población. Nuestras campañas de marketing y publicidad están al servicio de una acción común, donde el énfasis se ponga en reducir, drásticamente, el uso nocivo del alcohol y, a la vez, lograr los objetivos complementarios de fomentar un consumo ordenado de la población.

La industria pisquera, de existencia histórica, se debe a sus agricultores, más de 3.000 personas que con sus trabajadores y familias forman una población que alcanza más de 50.000 personas en las regiones de Atacama y Coquimbo; destinan a la producción de Pisco algo más de 10.000 ha y, como resultado de su acción económica permite la vida rural y urbana en importantes lugares del país. Mantener estas condiciones, no es a costa de la salud o la vida de nuestra población nacional y, por ello, insistimos en nuestro compromiso de trabajar, activamente, en mejorar la cultura alcohólica de nuestros compatriotas, velando por una industria pisquera próspera que entregue los beneficios justos a nuestra gente, a la vez que alegría y felicidad a nuestro país.

La Serena, Junio 2011.

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