Viernes, 14 diciembre, 2018
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Pisco: Destapando la historia de Chile

Pisco: Destapando la historia de Chile

¿Cómo logran entrar quinientos años de tradiciones, sacrificios, celebraciones e identidad nacional en una botella? Los pisqueros de Chile tienen la clave.

Esta historia comienza por una gran equivocación: buscando una nueva ruta hacia las Indias, Cristóbal Colón se topa con un Nuevo Mundo, dando inicio a un intenso intercambio de productos, culturas y visiones.

Espejos, carne salada, leña, legumbres y parras fueron algunos de los primeros productos que los europeos comenzaron a intercambiar por oro, tabaco, animales y otros productos exóticos del continente americano.

La vid española se adaptó con sorprendente rapidez a nuestros fértiles suelos, entregando mucho más vino que el necesario para celebrar misa y apoyar el proceso evangelizador.
Es así como comienza una floreciente industria vitivinícola en las colonias españolas, especialmente en los Virreinatos del Perú y de La Plata.

Las vides comienzan a ser plantadas en la zona de La Serena y sus localidades aledañas hacia 1549, luego de la refundación de la ciudad. Las características únicas de estas tierras permitieron la producción de vinos de alta calidad e intenso dulzor. Pero es precisamente ese dulzor el que complicaba el traslado de este apetecido producto, debido a que se deterioraba rápidamente.

Para asegurar la correcta preservación, y como una forma de reducir los volúmenes a trasladar, los productores comenzaron a destilar el vino en alambiques de cobre, permitiendo el florecimiento del apreciado aguardiente. En 1586 María de Niza registra en Santiago el primer alambique del Cono Sur de América.

El aguardiente se envasaba en unos cántaros de greda cocida que recibían el nombre de “piscos”, herencia de culturas americanas precolombinas. Así realizaban largas travesías para abastecer a vastas áreas mineras del Virreinato del Perú, tales como las minas de plata de Potosí.

Hacia el siglo XVIII, el aguardiente comienza a recibir el nombre de su envase, pasando a ser conocido como “pisco”. Hasta ahora, la pisquera más antigua documentada del mundo fue la Hacienda La Torre, ubicada en el Valle del Elqui: registros históricos de 1733 incluyen plantaciones de uva, alambiques y pisco.

Uno de los grandes hitos de este producto típico ocurre el 15 de mayo 1931, cuando el entonces Presidente Carlos Ibañez del Campo emite el decreto n°181, entregando la Denominación de Origen Pisco al “aguardiente producido y envasado, en unidades de consumo, en las regiones III y IV del país, elaborado por destilación de vino genuino potable proveniente de las variedades de vides, que se determina el decreto N° 521, plantadas en dichas regiones”.

El historiador de la Universidad de Santiago, dr. Pablo Lacoste, se ha dedicado al estudio de los orígenes del pisco y sus características únicas. Él explica que esta denominación de origen -la segunda más antigua del mundo y la primera de toda América- es “el perfeccionamiento jurídico de un producto típico, por el cual el Estado establece una protección, entregando el derecho a usar esta denominación y que nadie lo pueda copiar”.

Desde los inicios de la colonia hasta nuestros días, los productores de pisco mantienen vivas las más antiguas tradiciones de los maestros pisqueros, poniendo todo su esfuerzo, cariño y tecnología para crear un producto de la más alta calidad, que enorgullece a los chilenos y es reflejo de los quinientos años de historia de todo un país.

Pelayo Alonso, Presidente de la Asociación de Productores de Pisco A.G., explica que “el propósito es contribuir y fortalecer la identidad del pisco como un impulsor del desarrollo económico, social y cultural de los valles transversales de las regiones de Atacama y Coquimbo, desde la conquista de los españoles hasta nuestros días”.

Actualmente, se calcula una producción de 36 millones de litros por año, con un consumo per cápita de 2,1 litros anuales a nivel nacional. Como producto de exportación, sus principales destinos son Estados Unidos, Argentina y Europa.

Destilado sofisticado y aromático, de taninos sedosos y delicado dulzor, que persiste en boca, expresivo y elegante. El pisco sigue acumulando reconocimientos y medallas en las principales competencias de licores y destilados a nivel internacional, siendo reconocido como el mejor y más fino destilado de frutas del mundo.

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